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viernes, 1 de septiembre de 2017

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#VeranoMisión, una experiencia que no deja indiferente 

El Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI) acoge a unos 850 inmigrantes, 50 de los cuales residen en el Centro San Antonio que la Iglesia tiene en Ceuta. Allí Magí y María, junto a otros jóvenes de diferentes lugares de España, han trabajado dando clases de lengua castellana, informática y dirigiendo talleres de manualidades a los jóvenes inmigrantes, por las mañanas, de lunes a viernes. Las tardes fueron destinadas al intercambio y la reflexión, desde el respeto a otras realidades religiosas y culturales, para que se tratara de «un encuentro con los cristianos de España, que les brindan generosidad y cariño», resalta el padre Rolando Ruiz, responsable del campo de verano organizado por los padres javerianos.

Aquí os presentamos una breve reflexión de lo que ha supuesto para cada uno de ellos esta experiencia de #VeranoMisión:

“... también llegó la felicidad, la alegría y la esperanza”
Durante las dos semanas que he pasado en Ceuta he conocido la otra cara del mundo en el que vivimos. Conocer a los inmigrantes, escuchar su historia, ver sus heridas físicas y emocionales, a toda la gente que dedica su vida a ayudarlos... Te crea sentimientos enfrentados. Al comienzo la rabia, la impotencia y la tristeza me invadían. No podía entender como en el siglo XXI hay gente que simplemente por su nacionalidad no puede escoger en qué país vivir, tener un visado, viajar... Gente cualificada, con estudios, cariñosa, que te da todo lo que tiene y todo lo que sabe. Pero pasados unos días, gracias a toda la gente con la que he compartido esta experiencia, también llegó la felicidad, la alegría y la esperanza. Ver personas que dedican su vida a los inmigrantes, conocer gente a Tetuan con proyectos magníficos por la integración de todos aquellos que cruzan la valla. 
También todos los voluntarios que han participado conmigo en este campo de trabajo y a mis “morenos”, que me los llevo al corazón. Gracias a todos ellos me llevo una nueva visión del mundo, un reencuentro con Dios, amigos que espero volver a ver muy pronto, y el recuerdo de una experiencia inolvidable que repetiría mil veces sin pensarlo. Gracias a los Misioneros Javerianos y a Maite, la directora del Centro San Antonio, por hacer posible este campo de trabajo y acogernos con todo vuestro amor. Hasta pronto, 
María Melero Cugat. Verano 2017.

“tranquilo, las heridas son sueños, ilusión y felicidad“
GRACIAS es la palabra que define la experiencia misionera que he vivido estas dos semanas en Ceuta.
GRACIAS amigos, hermanos, familia... hay muchas maneras de decir lo qué representáis para mí, lo qué me habéis hecho sentir durante estos 15 días, la lección de vida que me habéis dado y como me habéis hecho abrir los ojos y reflexionar sobre la injusticia humana que, desgraciadamente, existe a pocos kilómetros de casa nuestra.
GRACIAS por decirme “tranquilo, las heridas son sueños, ilusión y felicidad“.
GRACIAS por demostrarme que vivimos en un mundo de ignorancia, un mundo que no es consciente de las vidas que hay más allá, vidas rotas, vidas sin recursos pero vidas llenas, con ilusiones, con retos y con ganas de buscar una vida mejor.
GRACIAS por ser cómo sois, para hacerme sentir un privilegiado de poder escuchar vuestras historias y permitirme dejar mi granito de arena a vuestra aventura.

Gracias a los Misioneros Javerianos, en especial a Rolando Ruiz y a Ivanildo Cuaresma, por darme la oportunidad de vivir la mejor y más plena experiencia de mi vida, a Maite, directora del centro San Antonio ceutí y a su marido Salva, a todos los integrantes del grupo de misioneros que formamos este segundo campo de trabajo ceutí 2017, y a mis chicos, a mis “morenos”: siempre os estaré agradecido y ya sois parte de mí. Cómo dijisteis en el momento de irnos: “nos vemos en la península“. Y para acabar, a María Melero: gracias para compartir esta experiencia conmigo, espero que no sea la última.
En Ceuta fui con tres objetivos a la cabeza: conocer, vivir y sentir una realidad desconocida para mí, superar un pequeña dificultad personal y, sobre todo, reencontrarme con mi Dios.
Gracias a Él pude cumplir los tres objetivos, pero un último apareció sin pensarlo ni predecirlo: el de hacer grande la familia. Ahora puedo decir que todos vosotros estaréis a mi corazón por siempre jamás, porque ya formáis parte de mi Familia. GRACIAS!!!
Magí Pallejà Padró. Verano 2017.
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VERSIÓ EN CATALÀ

“... també va arribar la felicitat, l’alegria i la esperança”
Durant les dues setmanes que he passat a Ceuta he conegut l’altra cara del món en el que vivim. Conèixer als immigrants, escoltar la seva història, veure les seves ferides físiques i emocionals, a tota la gent que dedica la seva vida a ajudar-los... Et crea sentiments enfrontats. Al començament la ràbia, la impotència i la tristesa m’envaïen. No podia entendre com al segle XXI hi ha gent que simplement per la seva nacionalitat no pot escollir a quin país viure, tenir un visat, viatjar... Gent qualificada, amb estudis, afectuosa, que et dona tot el que té i tot el que sap. Però al cap dels dies, gràcies a tota la gent amb la que he compartit aquesta experiència, també va arribar la felicitat, l’alegria i la esperança. Veure persones que dediquen la seva vida als immigrants, conèixer gent a Tetuan amb projectes magnífics per la integració de tots aquells que creuen la tanca. També tots els voluntaris que han participat amb mi en aquest camp de treball i als meus “morenos”, que me’ls emporto al cor. Gràcies a tots ells m’emporto una nova visió del món, un retrobament amb Déu, amics que espero tornar a veure molt aviat, i el record d’una experiència inoblidable que repetiria mil cops sense pensar-ho. Gràcies al Misioneros Javerianos y a Maite, la directora del Centro San Antonio, per fer possible aquest camp de treball i acollir-nos amb tot el vostre amor. Fins aviat,
Maria Melero Cugat. Estiu 2017.

“tranquil, les ferides són somnis, il·lusió i felicitat“
GRÀCIES és la paraula que defineix l’experiència missionera que he viscut aquestes dues setmanes a Ceuta.
GRÀCIES amics, germans, família... hi ha moltes maneres de dir el què representeu per a mi, el què m’heu fet sentir durant aquests 15 dies, la lliçó de vida que m’heu donat i com m’heu fet obrir els ulls i reflexionar sobre la injustícia humana que, malauradament, existeix a pocs kilòmetres de casa nostra.
GRÀCIES per dir-me “tranquil, les ferides són somnis, il·lusió i felicitat“.
GRÀCIES per demostrar-me que vivim en un món d’ignorància, un món que no és conscient de les vides que hi ha més enllà, vides trencades, vides sense recursos però vides plenes, amb il·lusions, amb reptes i amb ganes de buscar una vida millor.
GRÀCIES per ser com sou, per fer-me sentir un privilegiat de poder escoltar les vostres històries i permetre’m deixar el meu granet de sorra a la vostra aventura.
GRÀCIES als Misioneros Javerianos, en especial al Rolando Ruiz i a l’Ivanildo Quaresma, per donar-me l’oportunitat de viure la millor i més plena experiència de la meva vida, a la Maite, directora del centre San Antonio de Ceuta i al seu marit Salva, a tots els integrants del grup de missioners que vam formar aquest segon camp de treball de Ceuta 2017, i als meus nois, als meus “morenos”: sempre us estaré agraït i ja sou part de mi. Com vau dir a l’hora de marxar: “nos vemos en la península“. I per acabar, a la María Melero: gràcies per compartir aquesta  experiència amb mi, espero que no sigui la última.
A Ceuta vaig anar amb tres objectius al cap: conèixer, viure i sentir una realitat desconeguda per a mi, superar un petita dificultat personal i, sobretot, retrobar-me amb el meu Déu.
Gràcies a Ell vaig poder complir els tres objectius, però un últim va aparèixer sense pensar-ho ni preveure-ho: el de fer gran la família. Ara puc dir que tots vosaltres estareu al meu cor per sempre, perquè ja formeu part de la meva Família. GRÀCIES!!!
Magí Pallejà Padró. Estiu 2017.






domingo, 25 de junio de 2017

Nadie es extranjero en nuestro corazón

Tres jóvenes tarraconenses se enrolan a Misioneros Javerianos, para trabajar con inmigrantes en África

De izquierda a derecha: Magí, María y Blanca
Quince días del período vacacional, a finales de julio, es el que invertirán tres jóvenes tarraconenses, para vivir una experiencia misionera en el continente africano, en respuesta al impulso de la congregación, Misioneros Javerianos que, por sexto año consecutivo, anima a la participación en tres o cuatro campos de trabajo.

Maria Melero y Magí Pallejá se desplazarán a Ceuta para integrarse en uno de estos campos de trabajo para inmigrantes, y Blanca Serres hará lo propio en Tetuán. El objetivo, vivir la fraternidad con los hermanos inmigrantes y ensanchar el corazón a otras realidades, creciendo y formándose como grupo de fe, acorde con el lema, «Nadie es extranjero en nuestro corazón», extraído del mensaje lanzado por el papa Francisco, en la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado 2017.

Y este es precisamente el espíritu que recoge la congregación de Misioneros Javerianos fundada por el obispo San Guido  Maria Conforti, tomando el modelo de San Francisco Javier. En España la congregación tiene constituido el Consejo Misionero de Jóvenes, vinculado a Obras Misionales Pontificias «para la cooperación con las misiones», subrayó el padre misionero Rolando Ruiz Durán, miembro del Consejo, durante su estancia en Tarragona, para orientar a los tres jóvenes que participarán en el campo de trabajo.

El padre Rolando Ruiz señaló que ésta «es una inmejorable ocasión de abrazar con nuestras vidas, como Jesús, la fragilidad y vulnerabilidad del inmigrante que sufre la indiferencia del distanciamiento de nuestros corazones» y, a la par, «propiciar un acercamiento a otras religiones, con el deseo de crear puentes y estrechar lazos». Es una buena oportunidad «para quien quiere experimentar el encuentro con el otro, de otra cultura lengua y religión, que tenga motivaciones de fe y deseo de crecer en ellas, para acercarse a estas realidades de misión, desde un espíritu cristiano», afirmó el misionero.

El Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI) acoge a unos 850 inmigrantes, 50 de los cuales residen en el Centro San Antonio que la Iglesia tiene en Ceuta. Allí, como en Tetuán, María, Magí y Blanca trabajarán dando clases de lengua castellana, informática y dirigiendo talleres de manualidades a los jóvenes inmigrantes, por las mañanas, de lunes a viernes. Las tardes serán destinadas al intercambio y la reflexión, desde el respeto a otras realidades religiosas y culturales, pero que supone «un encuentro con los cristianos de España, que les brindan generosidad y cariño», resalta el padre Rolando. Precisamente el programa incluye un fin de semana con los Franciscanos de la Parroquia Nuestra Señora de las Victorias de Tetuán, en Marruecos, para ver y conocer lo que hace la Iglesia en un país musulmán.

La experiencia vivida por estos tres tarraconenses ha de servir para que puedan contarla aquí y que, a través de la delegación diocesana de Pastoral de la Juventud surjan otras personas animadas, en aras de esta colaboración. Una experiencia «repetida en muchos casos», matizó el misionero javeriano.

Vale para ello el testimonio de una joven, Clara Acebrón, que habla de la Pascua Misionera celebrada con los Franciscanos de Tetuán que, dice, «me permitió ver la presencia de una Iglesia pequeña, humilde, alegre y abierta, que anuncia el Evangelio sin necesidad de palabras, desviviéndose por ayudar a los necesitados». Y parafrasea al beato Charles de Foucauld: «Todo nuestro ser debe ser una predicación viviente, un reflejo de Jesús».
Artículo Diari de Tarragona, por Joan Boronat, sábado 24 de junio.