dissabte, 20 d’agost de 2016

¿Verdad que lo esencial de cada uno no está en la simple apariencia?

Lo esencial es invisible para los ojos

Amigos de los martes:
Me pregunto si, en alguna ocasión, todos habéis tenido una prenda de vestir desgastada, más que todas las otras, con incluso algún remiendo y  recosido. Una pieza de ropa única y especial con la que os sentís más que cómodos y de la que nunca os gustaría desprenderos… 

Ayer pensaba en que, algo similar, puede que ocurra con la relación entre las personas. No pretendo comparar a los seres humanos con un pantalón o una camiseta; ¡nada más lejos! Pero, personalmente y a lo largo de los últimos diez años, siento que han sido varios “descosidos” los que me caracterizan, los que se han producido en mi cuerpo y han dejado alguna que otra secuela. Es curioso cómo, medicaciones imprescindibles que mejoran una calidad de vida, puedan presentar serios efectos que llegan a evidenciar deterioros y secuelas. 

Es ahí donde se produce ese milagro, esa aceptación,  ese afecto de cada uno de vosotros y de todos aquellos que me aprecian a pesar de todo: mucho más allá del cambio evidente que se ha producido en mi cuerpo, de las modificaciones y de las limitaciones que hoy me caracterizan, a cada instante me he sentido acompañada y muy respetada. 

Como os contaba en el ejemplo que mencionaba al principio, con esta reflexión no busco, ni deseo, ni quiero pensar que soy vuestra preferida. ¡Lo que sí me siento y doy gracias por poder decirlo, es muy querida!
Rezo cada día para que sepa corresponderos. 

¿Verdad que lo esencial de cada uno no está en la simple apariencia?

Un fuerte abrazo,
Càrol