dimarts, 13 de gener de 2015

El alta médica es una mala noticia, cuando se vive en la calle

Amigos de los martes:

Me encuentro mejor y me gusta disfrutar del día a día.

Hace unos días  fui con mi madre a encontrarnos con Imma, mi hermana. Trabaja para la fundación “Arrels” que fue fundada por los Jesuitas hace veinte años. La puerta de su despacho estaba entreabierta y, antes de saludarla, pude leer un póster colgado en una de las paredes que decía lo siguiente:

El alta médica es una mala noticia, cuando se vive en la calle

Sigo recordando esa frase desde hace un par de semanas; va resonando en mi interior varias veces al día. También recuerdo cada uno de mis ingresos largos e interminables de los últimos años. Esos ingresos que tanto me “castigaban” y que, lo único que esperaba de ellos, es que me diesen la gran noticia de que pronto regresaría a casa. Deseaba reencontrarme con los míos, dormir en mi cama, recibir visitas de personas que me quieren, volver a mi habitación cómoda y adaptada… 

Hoy, más que nunca, aunque me resulta complejo intentarlo, pruebo a imaginar qué se siente cuando te dan el alta médica y no sabes si dormirás en un cajero automático, en un banco o en una obra que no está finalizada; si serán más cómodos y cálidos unos cuantos plásticos y cartones o unas viejas y zurcidas mantas; si las visitas de los que más te aprecian y aceptan, son los mismos que conviven contigo en las frías calles por no tener un hogar, una familia, una casa… 

Qué curioso: lo que para mí era el mejor de los regalos, resulta ser para otros una condena o una gran carga. 

Un fuerte abrazo y feliz semana,

Càrol Garcia Murillo