dimarts, 21 d’abril de 2015

Atrocidades a nuestro alrededor ¿qué podemos hacer?

Amigos de los martes:


Esta tarde leía la prensa y escuchaba atentamente las noticias en televisión; parecía increíble lo que decían y, evidentemente, era imposible mostrar indiferencia. 
En un titular de un periódico estaba escrito, “Las ganas de tener un futuro en Europa son mayores que el miedo”. Ciertamente, eso es lo que parece después de saber que, cientos de personas, son engañadas pagando un precio descabellado por un billete y un futuro prometedor que nunca existe. Así arriesgan sus vidas para yacer en el mar para siempre o, los más afortunados, para enfrentarse a la cruda realidad que vivimos actualmente.  

Otra noticia hablaba de la “honestidad” que abunda entre los altos funcionarios… ¡Mejor no entrar en detalles!

Y, entre otros sucesos, el que hoy ha tenido más eco y resonará durante los próximos días ha sido el del joven de 13 años que, en Barcelona, ha cometido un brutal asesinato en un Instituto de Educación Secundaria.
Tales barbaridades me entristecen y una cantidad de preguntas invaden mi pensamiento; lo hacen hasta tal punto que me cuesta conciliar el sueño. 
¿Qué atrocidades suceden hoy en día y, a menudo, cerca de nosotros?, ¿Cómo es posible que unos tengan tanto a costa de los otros?, ¿Qué debe pasar por la mente, o en la mente de un joven que tiene toda la vida por delante, para comportarse de este modo?... 
Me preguntaron hace un tiempo en una entrevista que qué haría para cambiar nuestra sociedad. Esto es lo que respondí:

“En primer lugar debería cambiar yo misma. Intentaría mejorar mis defectos, ofrecer mis cualidades y tendría muy en cuenta a todos los que me rodean. ¡Qué importante es pensar en los que tenemos alrededor! Si cada uno procurásemos hacer esto, probablemente, entre todos podríamos construir una sociedad más justa para todos sin excepción.” 
No sé si respondí lo que esperaban o si lo que dije podría ser cierto algún día. Y vosotros, ¿habéis pensado alguna vez lo que haríais? 

Un fuerte abrazo y hasta pronto,

Càrol García Murillo